
-¿Prometes que volverás? le pregunté, sacando todas mis fuerzas para alejar el mal presagio de la separación.
-Regresaré, te lo prometo... Aunque tenga que venir desde el fin del mundo, musitó en la penumbra de la habitación.
Permanecimos inmóviles y silenciosos, mirando con ojos expectantes el vacío que se abría entre nosotros.
Algo, hasta entonces invisible, comenzó a tomar cuerpo: dos caminos paralelos que se iniciaban en la puerta de la habitación y que no sabíamos adonde llevaban.
Supe que aquella sería nuestra última noche. Me lo contó con su mirada vacilante.
Crucé la puerta y salí. Tan pronto como

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